ADORACIÓN EUCARÍSTICA PERPETUA

C/ Salvador, 16 bajo

03202 ELCHE (Alicante) España

Abierto 24 horas

Todo el año

Más información en:

www.adoracionperpetua.info

La Adoración Eucarística Perpetua se inauguró el 6 de enero de 2009, en la capilla en la calle Salvador nº 24 de Elche.

Más tarde se trasladó en el nº 16 de la misma calle.

 

Un mes antes de la inauguración, el P. Justo Antonio Lofeudo, misionero del Santísimo Sacramento estuvo predicando los fines de semana en varias parroquias de nuestra ciudad.

Siguió una metodología que el mismo padre experimentó en otros pueblos donde se instauró la AEP.

 

En Elche, muchos respondieron a la llamada para ofrecer una hora por semana al Señor, en el sublime acto de la adoración.

 ¿Qué es adorar?

 

Es la relación connatural del hombre con Dios, de la creatura inteligente con su Creador. Los hombres y los ángeles deben adorar a Dios. En el cielo, todos, las almas bienaventuradas de los santos y los santos ángeles, adoran a Dios. Cada vez que adoramos nos unimos al cielo y traemos nuestro pequeño cielo a la tierra.

 

La adoración es el único culto debido solamente a Dios. Cuando Satanás pretendió tentar a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos, todo el poder de este mundo si él lo adoraba. Satanás, en su soberbia de locura, pretende la adoración debida a Dios. Jesús le respondió con la Escritura: “Sólo a Dios adorarás y a Él rendirás culto”.

Un grupo de seglares más comprometidos se hizo cargo de la organización para que siempre permanezca alguna persona adorando al Santísimo Sacramento.

 

¿Qué es la adoración eucarística?

 

Es adorar a la divina presencia real de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en la Eucaristía.

 

Jesucristo, al comer la Pascua judía con los suyos, aquella noche en la que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, dando gracias bendijo al Padre y lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”, al final de la cena, tomó el cáliz de vino, volvió a dar gracias y a bendecir al Padre y pasándolo a los discípulos dijo: “Tomad y bebed todos de él, este es el cáliz de mi sangre. Sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.”

 

Él dijo sobre el pan: “Esto es mi cuerpo”, y sobre el vino: “Esta es mi sangre”. Pero, no sólo eso, agrego también: “Haced esto en conmemoración mía”. Les dio a los apóstoles el mandato, “haced esto”, el mandato de hacer lo mismo, de repetir el gesto y las palabras sacramentales. Nacía así la Eucaristía y el sacerdocio ministerial.

 

Cada vez que el sacerdote pronuncia las palabras consagratorias es Jesucristo quien lo ha hecho y se hace presente su cuerpo y su sangre, su Persona Divina. Porque Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Siendo Jesucristo Dios y estando presente en la Eucaristía, entonces se le debe adoración.

 

En la Eucaristía adoramos a Dios en Jesucristo, y Dios es Uno y Trino, porque en Dios no hay divisiones. Jesucristo es Uno con el Padre y el Espíritu Santo y, como enseña el Concilio de Trento, está verdaderamente, realmente, substancialmente presente en la Eucaristía.

 

La Iglesia cree y confiesa que «en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles» (Trento 1551: Dz 874/1636).

 

La divina Presencia real del Señor, éste es el fundamento primero de la devoción y del culto al Santísimo Sacramento. Ahí está Cristo, el Señor, Dios y hombre verdadero, mereciendo absolutamente nuestra adoración y suscitándola por la acción del Espíritu Santo. No está, pues, fundada la piedad eucarística en un puro sentimiento, sino precisamente en la fe. Otras devociones, quizá, suelen llevar en su ejercicio una mayor estimulación de los sentidos –por ejemplo, el servicio de caridad a los pobres–; pero la devoción eucarística, precisamente ella, se fundamenta muy exclusivamente en la fe, en la pura fe sobre el Mysterium fidei («præstet fides supplementum sensuum defectui»: que la fe conforte la debilidad del sentido; Pange lingua).

 

Por tanto, «este culto de adoración se apoya en una razón seria y sólida, ya que la Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento, y se distingue de los demás en que no sólo comunica la gracia, sino que encierra de un modo estable al mismo Autor de ella.

 

«Cuando la Iglesia nos manda adorar a Cristo, escondido bajo los velos eucarísticos, y pedirle los dones espirituales y temporales que en todo tiempo necesitamos, manifiesta la viva fe con que cree que su divino Esposo está bajo dichos velos, le expresa su gratitud y goza de su íntima familiaridad» (Mediator Dei 164).

 

El culto eucarístico, ordenado a los cuatro fines del santo Sacrificio, es culto dirigido al glorioso Hijo encarnado, que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Es, pues, un culto que presta a la santísima Trinidad la adoración que se le debe  (+Dominicæ Cenæ 3).

 

La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia ofrecido a todos para que todos puedan recibir por ella gracias abundantes y bendiciones. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Cristo del que hacemos memoria y actualizamos en cada Misa y es también su presencia viva entre nosotros. Adorar es entrar en íntima relación con el Señor presente en el Santísimo Sacramento.

 

Adorar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento es la respuesta de fe y de amor hacia Aquel que siendo Dios se hizo hombre, hacia nuestro Salvador que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros y que sigue amándonos de amor eterno. Es el reconocimiento de la misericordia y majestad del Señor, que eligió el Santísimo Sacramento para quedarse con nosotros hasta el fin de mundo.

 

El cristiano, adorando a Cristo reconoce que Él es Dios, y el católico adorándolo ante el Santísimo Sacramento confiesa su presencia real y verdadera y substancial en la Eucarística. Los católicos que adoran no sólo cumplen con un acto sublime de devoción sino que también dan testimonio del tesoro más grande que tiene la Iglesia, el don de Dios mismo, el don que hace el Padre del Hijo, el don de Cristo de sí mismo, el don que viene por el Espíritu: la Eucaristía.

 

El culto eucarístico siempre es de adoración. Aún la comunión sacramental implica necesariamente la adoración. Esto lo recuerda el Santo Padre Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis cuando cita a san Agustín: “nadie coma de esta carne sin antes adorarla…pecaríamos si no la adoráramos” (SC 66). En otro sentido, la adoración también es comunión, no sacramental pero sí espiritual. Si la comunión sacramental es ante todo un encuentro con la Persona de mi Salvador y Creador, la adoración eucarística es una prolongación de ese encuentro. Adorar es una forma sublime de permanecer en el amor del Señor.

 

Por tanto, vemos que la adoración no es algo facultativo, optativo, que se puede o no hacer, no es una devoción más, sino que es necesaria, es dulce obligación de amor. El Santo Padre Benedicto XVI nos recordaba que la adoración no es un lujo sino una prioridad.

 

Quien adora da testimonio de amor, del amor recibido y de amor correspondido, y además da testimonio de su fe.

 

Ante el misterio inefable huelgan palabras, sólo silencio adorante, sólo presencia que le habla a otra presencia. Sólo el ser creado ante el Ser, ante el único Yo soy, de donde viene su vida. Es el estupor de quien sabe que ¡Dios está aquí! ¡Verdaderamente aquí!

Parroquia de San Juan (30 de diciembre 2008)

Primera concentración de los nuevos adoradores dónde se les entrega las 700 carpetas

con documentación personalizada, hoja de adoración, insignias, guía de adorador, etc.

INAUGURACIÓN DE LA CAPILLA  AEP

Basílica de Santa María de Elche (6 de enero 2009)

Primera capilla de la Adoración Eucarística Perpetua, calle Salvador, nº 24

Primer aniversario AEP

Basílica de Santa María de Elche (6 de enero 2010)

 2 FEBRERO 2011

NUEVA CAPILLA DE LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA PERPETUA

(C/ Salvador nº 16)

Traslado nocturno del retablo

Anterior capilla ya sin el retablo en el nº 24, dónde se instaló la capilla provisional que funcionó 3 días antes de la nueva inauguración

El día de la Candelaria (2 febrero 2011) a las 20:45 h

se bendice la nueva capilla antes de trasladar el Santísimo Sacramento

desde la parroquia de El Salvador

Inicio de la procesión del Santísimo Sacramento a la nueva capilla de la Adoración Eucarística Perpetua - 2 de febrero de 2011

 

 

2º ENCUENTRO ADORADORES ELCHE

Parroquia El Salvador – 24 noviembre 2018

Meditación de D. Damián Abad Irles

 

Reflexión sobre algunos textos del Magisterio

 

TERTIO MILLENNIO ADVENIENTE. Carta apostólica de Juan Pablo II como preparación al Jubileo del año 2000. [10 noviembre 1994]

INCARNATIONIS MYSTERIUM. Bula de convocatoria del Jubileo del año 2000. [29 noviembre 1998]

NOVO MILLENNIO INEUNTE. Carta Apostólica de Juan Pablo II. Al concluir el Gran Jubileo del año 2000. [6 enero 2001]

ECCLESIA DE EUCARISTÍA. Encíclica de Juan Pablo II. La Iglesia vive de la Eucaristía. [17 abril 2003. Jueves santo. Año del Rosario]

MANE NOBISCUM DOMINE. Carta Apostólica de Juan Pablo II. Para el Año de la Eucaristía (octubre 2004-octubre 2005). [7 octubre 2004]

XX JMJ. “Hemos venido a adorarle”. Colonia, agosto 2005. Benedicto XVI.

SACRAMENTUM CARITATIS. Exhortación apostólica postsinodal de Benedicto XVI. [22 febrero 2007]

 

 

 

NOVO MILLENNIO INEUNTE. Carta Apostólica de Juan Pablo II. Al concluir el Gran Jubileo del año 2000. [6 enero 2001]

 

EL ENCUENTRO CON CRISTO, HERENCIA DEL GRAN JUBILEO

 

Si la Eucaristía es el sacrificio de Cristo que se hace presente entre nosotros, ¿cómo podía su presencia real no ser el centro del Año Santo dedicado a la encarnación del Verbo? Precisamente por ello fue previsto como año «intensamente eucarístico» y así hemos procurado vivirlo.

 

CAMINAR DESDE CRISTO

 

«Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

~ Esta certeza ha acompañado a la Iglesia durante dos milenios.

~ De ella debemos sacar un renovado impulso en la vida cristiana, haciendo que sea, además, la fuerza inspiradora de nuestro camino.

~ Conscientes de esta presencia del Resucitado entre nosotros, con confiado optimismo, nos planteamos hoy la pregunta dirigida a Pedro en Jerusalén, inmediatamente después de su discurso de Pentecostés: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?» (Hch 2,37).

~ Nos lo preguntamos, aunque sin minusvalorar los problemas. Es una ingenua convicción pensar que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!

~ No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia.

~ Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz. Este programa de siempre es el nuestro para el tercer milenio.

 

Algunas prioridades pastorales…

 

La santidad

~ La perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad.

~ Hacer hincapié en la santidad es más que nunca una urgencia pastoral.

~ «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: «Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor».

~ Si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial.

~ Este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos «genios» de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno.

 

La oración

~ Es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración.

~ Rezar es algo que pueda darse por supuesto. Es preciso aprender a orar, aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1).

~ En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: «Permaneced en mí, como yo en vosotros» (Jn 15,4). Esta reciprocidad, realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre.

~ Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas de oración», donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del corazón.

~ Una oración intensa que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.

~ Se equivoca quien piense que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos en que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no sólo serían cristianos mediocres, sino «cristianos con riesgo». En efecto, correrían el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizás acabarían por ceder a la seducción de los sucedáneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de superstición.

 

La Eucaristía dominical

~ El mayor empeño se ha de poner en la liturgia, «cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza».

~ Es preciso dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana.

~ Que la participación en la Eucaristía sea, para cada bautizado, el centro del domingo.

~ La participación eucarística cada domingo es seña de identidad de los cristianos. La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios entorno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión. Es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente.

 

El sacramento de la Reconciliación

~ Pido una renovada valentía pastoral para que la pedagogía cotidiana de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la práctica del Sacramento de la Reconciliación.

~ Descubrir a Cristo como mysterium pietatis, en el que Dios nos muestra su corazón misericordioso y nos reconcilia plenamente consigo. Éste es el rostro de Cristo que conviene hacer descubrir también a través del sacramento de la penitencia.

 

Primacía de la gracia

~ Dar prioridad a la oración, personal y comunitaria, significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia.

~ Hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar. Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, «no podemos hacer nada» (cf. Jn 15,5).

~ La oración nos hace vivir precisamente en esta verdad. Nos recuerda constantemente la primacía de Cristo y, en relación con él, la primacía de la vida interior y de la santidad.

~ Cuando no se respeta este principio, los proyectos pastorales llevan al fracaso y dejan en el alma un humillante sentimiento de frustración. Hagamos, pues, la experiencia de los discípulos en el episodio evangélico de la pesca milagrosa: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada» (Lc 5,5). Este es el momento de la fe, de la oración, del diálogo con Dios, para abrir el corazón a la acción de la gracia y permitir a la palabra de Cristo que pase por nosotros con toda su fuerza: ¡Duc in altum!

 

Escucha de la Palabra

~ No cabe duda de que esta primacía de la santidad y de la oración sólo se puede concebir a partir de una renovada escucha de la palabra de Dios.

~ Es necesario que la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la lectio divina, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia.

 

Anuncio de la Palabra

~ Alimentarnos de la Palabra para ser «servidores de la Palabra» en el compromiso de la evangelización, una prioridad para la Iglesia.

~ Ha pasado ya, incluso en los Países de antigua evangelización, la situación de una «sociedad cristiana». Hoy se ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza.

~ Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico (nueva evangelización) que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos.

 

 

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ECCLESIA DE EUCARISTÍA. Encíclica de Juan Pablo II. La Iglesia vive de la Eucaristía. [17 abril 2003. Jueves santo. Año del Rosario]

 

El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa

~ Es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia.

~ Está estrechamente unido a la celebración del Sacrificio eucarístico.

~ La presencia de Cristo bajo las sagradas especies que se conservan después de la Misa, deriva de la celebración del Sacrificio y tiende a la comunión sacramental y espiritual. Corresponde a los Pastores animar el culto eucarístico fuera de la Misa (exposición del Santísimo Sacramento y la adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas).

~ Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón.

~ Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el «arte de la oración», ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!

~ Numerosos Santos nos han dado ejemplo de esta práctica, alabada y recomendada repetidamente por el Magisterio.

~ San Alfonso María de Ligorio: «Entre todas las devociones, ésta de adorar a Jesús sacramentado es la primera, después de los sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros».

~ La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad  de llegar al manantial mismo de la gracia.

~ En el culto eucarístico, se prolongan y multiplican los frutos de la comunión del cuerpo y sangre del Señor.

 

 

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MANE NOBISCUM DOMINE. Carta Apostólica de Juan Pablo II. Para el Año de la Eucaristía (octubre 2004-octubre 2005). [7 octubre 2004]

 

El Día del Señor

~ Esfuerzo por redescubrir y vivir plenamente el Domingo como día del Señor y día de la Iglesia.

~ «Precisamente en la Misa dominical es donde los cristianos reviven de manera particularmente intensa la experiencia que tuvieron los Apóstoles la tarde de Pascua, cuando el Resucitado se les manifestó estando reunidos (cf. Jn 20,19). En aquel pequeño núcleo de discípulos, primicia de la Iglesia, estaba en cierto modo presente el Pueblo de Dios de todos los tiempos».

~ La Misa dominical, como celebración en la que los fieles de una parroquia se reúnen en comunidad, constatando cómo participan también ordinariamente los diversos grupos, movimientos y asociaciones presentes en la parroquia.

 

Celebrar, adorar, contemplar

~ ¡Gran misterio la Eucaristía! Misterio que ante todo debe ser celebrado bien.

~ Es necesario que la Santa Misa sea el centro de la vida cristiana y que en cada comunidad se haga lo posible por celebrarla decorosamente, según las normas establecidas, con la participación del pueblo, la colaboración de los diversos ministros en el ejercicio de las funciones previstas para ellos, y cuidando también el aspecto sacro que debe caracterizar la música litúrgica.

~ Es necesaria la catequesis «mistagógica», la cual ayuda a descubrir el sentido de los gestos y palabras de la Liturgia, orientando a los fieles a pasar de los signos al misterio y a centrar en él toda su vida.

~ Hace falta fomentar la conciencia viva de la presencia real de Cristo, tratando de testimoniarla con el tono de la voz, con los gestos, los movimientos y todo el modo de comportarse.

~ Las normas recuerdan el relieve que se debe dar a los momentos de silencio, tanto en la celebración como en la adoración eucarística.

~ Es necesario que la manera de tratar la Eucaristía por parte de los ministros y de los fieles exprese el máximo respeto.

~ La presencia de Jesús en el tabernáculo ha de ser como un polo de atracción para un número cada vez mayor de almas enamoradas de Él, capaces de estar largo tiempo como escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón. «¡Gustad y ved qué bueno es el Señor¡» (Sal 33 [34],9).

~ La adoración eucarística fuera de la Misa debe ser un objetivo especial para las comunidades religiosas y parroquiales. Postrémonos largo rato ante Jesús presente en la Eucaristía, reparando con nuestra fe y nuestro amor los descuidos, los olvidos e incluso los ultrajes que nuestro Salvador padece en tantas partes del mundo.

~ Profundicemos nuestra contemplación personal y comunitaria en la adoración, con la ayuda de reflexiones y plegarias centradas siempre en la Palabra de Dios y en la experiencia de tantos místicos antiguos y recientes.

~ El Rosario mismo, considerado en su sentido profundo, bíblico y cristocéntrico, que he recomendado en la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, puede ser una ayuda adecuada para la contemplación eucarística, hecha según la escuela de María y en su compañía.

 

 

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SACRAMENTUM CARITATIS. Exhortación apostólica postsinodal de Benedicto XVI. [22 febrero 2007]

 

La celebración participada interiormente

 

Catequesis mistagógica

~ Para una participación fructuosa, es necesario esforzarse por corresponder personalmente al misterio que se celebra mediante el ofrecimiento a Dios de la propia vida, en unión con el sacrificio de Cristo por la salvación del mundo entero.

~ Que los fieles tengan una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras. Si faltara ésta, nuestras celebraciones, por muy animadas que fueren, correrían el riesgo de caer en el ritualismo.

~ «La mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada».

 

Veneración de la Eucaristía

~ Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucarística tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros.

~ Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la Plegaria eucarística.

~ Cada uno ha de vivir y expresar que es consciente de encontrarse en toda celebración ante la majestad infinita de Dios, que llega a nosotros de manera humilde en los signos sacramentales.

 

 

Adoración y piedad eucarística

 

Relación intrínseca entre celebración y adoración

~ Una objeción a la adoración se basa, por ejemplo, en la observación de que el Pan eucarístico no habría sido dado para ser contemplado, sino para ser comido. En realidad, a la luz de la experiencia de oración de la Iglesia, dicha contraposición se muestra carente de todo fundamento. Ya decía san Agustín: «Nadie come de esta carne sin antes adorarla [...], pecaríamos si no la adoráramos».

~ En la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos.

~ La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica.

 

Práctica de la adoración eucarística

~ Recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria.

~ Que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua.

~ Que en la formación catequética se inicie a los niños en el significado y belleza de estar con Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía.

 

 

XX JORNADA MUNDIAL JUVENTUD. Colonia, agosto 2005. VIGILIA CON LOS JÓVENES. Discurso de Benedicto XVI.

 

La adoración tiene un contenido y comporta también una donación. Los personajes que venían de Oriente, con el gesto de adoración, querían reconocer a este niño como su Rey y poner a su servicio el propio poder y las propias posibilidades, siguiendo un camino justo.

 

"Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). Queridos amigos, esta no es una historia lejana, de hace mucho tiempo. Es una presencia. Aquí, en la Hostia consagrada, él está ante nosotros y entre nosotros. Como entonces, se oculta misteriosamente en un santo silencio y, como entonces, desvela precisamente así el verdadero rostro de Dios. Por nosotros se ha hecho grano de trigo que cae en tierra y muere y da fruto hasta el fin del mundo (cf. Jn 12, 24). Está presente, como entonces en Belén. Y nos invita a la peregrinación interior que se llama adoración. Pongámonos ahora en camino para esta peregrinación, y pidámosle a él que nos guíe.

 

 

X ANIVERSARIO DE LA CAPILLA DE ADORACIÓN PERPETUA DE ELCHE

 

El día 6 de enero, Epifanía del Señor, celebramos el Décimo Aniversario de la Capilla de Adoración de Elche con una Eucaristía en Acción de Gracias presidida por nuestro Obispo, Mons. Jesús Murgui Soriano, en la Basílica de Santa María de Elche.

Un numeroso grupo de fieles, en su mayoría adoradores, tomaron parte en dicha celebración para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos, tanto personalmente como a nivel de toda la ciudad y Vicaría, en estos años en que la Capilla está funcionando.

El Sr. Obispo daba gracias a Dios en su homilía y al final de la Eucaristía por el acontecimiento de gracia que supone mantener ininterrumpidamente la adoración eucarística durante diez años, y nos animaba a perseverar en dicho cometido, que tanto bien hace a la Iglesia.

Realmente nunca podremos calcular cuántas gracias ha derramado y sigue derramando entre nosotros el Señor en la Eucaristía durante las 87.600 horas que ha estado expuesto en la custodia recibiendo la visita de miles de adoradores, pero no podemos dudar de que así es y así seguirá siendo.

Haber mantenido durante diez años la adoración ininterrumpidamente ha sido labor principalmente de los adoradores inscritos y comprometidos en velar y adorar día y noche a nuestro Señor. Solo el Señor sabe las gracias que ha ido derramando sobre cada uno.

La Eucaristía concluyó con la Procesión-Traslado del Santísimo Sacramento desde la Basílica hasta la Capilla de adoración, en la que participaron numerosos fieles portando velas y cantando al Señor con gran devoción y recogimiento.

 

 

X Aniversario de la Capilla de la Adoración

Homelía del Sr. Obispo - 6 de Enero de 2019

Solemnidad de la Epifanía, Basílica de Santa María de Elche

 

Esta celebración en la Solemnidad de la Epifanía del Señor viene a ser un marco idóneo para conmemorar el décimo aniversario de la Capilla de la Adoración Perpetua en Elche.

El Evangelio que acabamos de escuchar ha puesto ante nuestros ojos el relato de S. Mateo sobre los magos de Oriente, los cuales en palabras de Papa Francisco: “expresan el retrato del hombre creyente” (6-Iglesia-2017). En efecto, las palabras que este Evangelio nos acaban de traer encierran una preciosa catequesis, llena de sugerentes detalles, para ofrecernos el perfil de una persona con “nostalgia de Dios”, en palabras del Papa. En efecto los vemos que escrutan los cielos, que miran más allá de ellos mismos, hacia arriba, y por ello son capaces de “ver salir su estrella”. Y no sólo de captar la indicación, la señal que lleva al Señor, sino además, y principalmente de ponerse en pie, en camino, y seguirla. Y, son además, capaces con perseverancia y humildad, de no cejar en el empeño de su seguimiento, de manera que al perder la señal son perseverantes, no se desaniman ni abandonan, sino que indagan, preguntan, siguen buscando. Esta voluntad esperanzadora y constante les llevará a que se les ofrezca en la Palabra de Dios la definitiva y hermosa indicación, como una preciosa y cierta resonancia de lo que afirma el Salmo: “Tu Palabra es luz para mi sendero” (119, 105). Y aunque sea a través de una mediación tan nociva como Herodes, la luz auténtica de la Escritura les conducirá al correcto camino, a la ansiada meta de su peregrinación.

La culminación de su esfuerzo, de su vital peregrinación, es la adoración del Señor, así lo manifiestan nada más presentarse en Jerusalén, y así lo cumplen, pues “entraron en la casa, vieron al niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”. Por ello, con certera visión, se les ha calificado de “tipo y preludio” de la multitud de hombres y mujeres, que a través de los siglos, vendrán a ser auténticos adoradores del Señor, entre ellos estáis vosotros.

La fiesta de la Epifanía, celebración de la “manifestación” del Señor, ha tenido y tiene un profundo mensaje de universalidad; así S. Pablo en la segunda lectura ha recordado lo que también significaba la presencia y adoración de los Magos junto al Niño: “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3, 5-6). Como viene a ser anunciado en las palabras del Salmo Responsorial y de la primera lectura, de Isaías, proclamadas antes nosotros en esta solemnidad.

Este mensaje de universalidad lleva en su entraña un profundo llamamiento a la misión, llamamiento a cada uno de nosotros y a la Iglesia entera, para que sepa, como los magos, caminar siempre hacia Belén para reconocer y adorar al Señor de todas las gentes, y, a la vez, sepa desde Belén dirigirse al mundo para desempeñar la misión que el mismo Jesús le ha confiado, esto es, ir al encuentro de todos, especialmente de los más necesitados de la luz y la salvación que el Niño Dios nos ha traído. Llamamiento para todos los adoradores del Señor, de todos los tiempos, a quienes se os confía que desde el Encuentro y adoración a Él, seáis portadores de los en El habéis encontrado para vuestros hermanos.

Finalmente, quisiera destacar la presencia de la alegría en este pasaje del Evangelio de este día, igualmente presente en los Evangelios de estas fiestas navideñas que de algún modo hoy culminan. En efecto, la estrella se detuvo, de nuevo, los Magos “se llenaron de inmensa alegría”. Es la alegría que inunda estos días de luz. La alegría que celebramos la nochebuena y que anunciaron los ángeles a los pastores. Que esa alegría serena y profunda ilumina vuestra cercanía al Señor en la Capilla de la Adoración cuyo décimo aniversario hoy celebramos. Que nuestra adoración en la Eucaristía esté iluminada por este gozo. Adorémosle al Señor junto con los Magos, démosle gloria con los pastores, exultemos con los ángeles, “porque nos ha nacido un Salvador: Cristo, el Señor” (Lc 2,11), porque en la Eucaristía sigue estando para nosotros, constantemente, presente, humilde y cercano. Así sea.